Lun. May 17th, 2021

Sacramento del Bautizo

Jotabeche40| Creemos en el sagrado bautismo que el mismo Señor Jesucristo instituyó en el evangelio. De este sacramento participan todos los fieles cristianos, uniéndose en él a Cristo mismo. Es un sacramento ineludible y al que todos debemos acudir para identificarnos con nuestro bendito Salvador.

En el santo evangelio se describe cómo Jesús se acercó a Juan para ser bautizado por él (Mt 3:13-15). Más tarde, el mismo Señor comenzó a bautizar para formar alrededor de sí a los discípulos que habrían de continuar su obra (Jn 3:22-26; 4:1-2).

Jesús comenzó a interpretar su bautismo a la luz de su pasión y muerte, hecho que fue registrado por la Iglesia en los evangelios (Mc 10:38-40 Cf. Mt 20:20-23). Acerca de su muerte Jesús dijo en Lc 12:49-50: “Con un bautismo tengo que ser bautizado, y ¡qué angustiado estoy hasta que se cumpla!”.

Asimismo, Jesús enseñó que el bautismo en agua estaba directamente relacionado con el nuevo nacimiento (Jn 3:1ss.). La necesidad de nacer de nuevo, de cambiar de corazón, es algo profundo que solamente puede ser dado de arriba. Este cambio nace del Espíritu y es consagrado con el bautismo en agua. Jesús aprobó el que sus discípulos bautizaran (Jn 4:1,12), y cuando ya resucitado, entregó a la Iglesia la comisión y orden de bautizar a los nuevos creyentesen signo de arrepentimiento y conversión (Mt 28:16-20; Mc 16:5-16). Los apóstoles llamados por Jesús practicaron el bautismo después de pentecostés tal como habían sido ordenados por el Señor (Hch 2:38; 8:12,36; 9:18; 10:47s; 1 Co 1:12-17).

De acuerdo a Hechos 2:38-41; 3:19; 8:12; 19:5, para recibir el bautismo se requiere primero haber escuchado y creído al mensaje del evangelio.Inmediatamente se exige el arrepentimiento y la conversión. En consecuencia, creer y convertirse son un requisito ineludible para el candidato al bautismo. Según el apóstol Pablo el bautismo es un verdadero símbolo de la muerte, sepultura y resurrección de Jesucristo (Ro 6:1-14).

Ahí, en el sacramento, el cristiano se identifica con la obra de Cristo (Col 2:11-12); es lavado y santificado, dando con ello cuenta de su renuncia y muerte al pecado. Para el apóstol, además, el bautismo incorpora al creyente al cuerpo de Cristo que es la Iglesia (1 Co 12:12ss; Ga 3:26-28) otorgándole a este sacramento un claro sentido eclesiológico y comunitario.

La única fórmula bautismal explícita en el NT es la que aparece en labios de Jesús en la Gran Comisión de Mt 28:19: “Id, pues, y haced discípulos a todas las gentes bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo”. Esta es una fórmula trinitaria. Aclaramos, además, que los textos de Hch 2:38; 19:5 no pueden ser entendidas como fórmulas bautismales.

En toda la historia de la Iglesia nunca ha existido un sólo bautismo, es decir, únicamente por aspersión o únicamente por inmersión. Cuando la Iglesia practica el bautismo por aspersión, lo hace porque es clara la relación de este rito con la limpieza y rociamientos rituales del AT. Cuando la Iglesia realiza el bautismo por inmersión, resalta en él todo el simbolismo con la muerte y resurrección de Cristo. La Primera Iglesia Metodista Pentecostal practica el rito bautismal mediante la aspersión, aunque no por ello desestima a quienes por su particular tradición eclesial optan por el bautismo de inmersión. Lo que fundamentalmente importa es el hecho de que el bautismo es un testimonio público de la identificación del cristiano con Cristo (Hch 19:2-5; Ga 3:25-27), y de que es asimismo el símbolo del lavamiento de nuestros pecados realizado por medio de su bendita persona (Ap 1:5).

En cuanto al bautismo de infantes, éste se practica debido a la relación de analogía existente entre la circuncisión del Antiguo Testamento y el bautismo cristiano neotestamentario. Así, mientras que en Gn 17:23,26 se dice que toda una casa fue circuncidada, padres e hijos, el mismo día, así también en Hch 16:15,33 toda la casa de Lidia y toda la casa del carcelero fueron bautizados el mismo día. Ciertamente, antes de llegar al bautismo se requiere primero del arrepentimiento, pero admitimos que los niños, quienes se encuentran bajo el cuidado y tutelaje de sus padres, pueden ser bautizados en tanto los padres responden por esos hijos.

En ese sentido, es su deber criarlos y ordenarlos en la disciplina y fe del Señor desde nacidos. Si los padres cumplen con este deber evangélico, entonces los hijos serán verdaderos creyentes, incluso, desde la misma cuna.

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